Del programa oculto de Rajoy a la web oculta del PSOE

Viendo el nuevo vídeo del PSOE me encuentro, al final, la siguiente dirección de Internet: ‘elprogramaocultoderajoy.com‘. Bien, entro a ver qué se le ha ocurrido al bueno de Rubalcaba y doy con lo siguiente:

O sea, nada. Han ido tan deprisa que se han comprado el dominio, lo han promocionado en su último vídeo y se han olvidado de montar la web. Claro que alguien con mucha más maldad que yo podría argumentar que las iniciativas del PSOE, como esta web, son más bien de cartón piedra. Se pueden gritar y proclamar a los cuatro vientos y cuando uno va a consultarlas resulta que falta el archivo. Rubalcaba parece tan obsesionado en crear una imagen del PP que se ha olvidado de llenar la suya de contenido. En fin, para cuando quieran esuchar a Anguita y aplicar aquello de la refundación de la izquierda, igual tenemos a un PP de 300 diputados.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , | 1 comentario

¿Quién teme a ETA feroz?

He madrugado para comprar los periódicos del día. Ya los he leído. Dos tendencias, cada una en un extremo, a saber; los que dan saltos de alegría, brindan con cerveza en el Congreso y de vez en cuando miran para arriba asombrados de lo alto que parece el guindo desde abajo y aún más de que sigan ilesos después de la caída; y los que no sólo no se lo creen sino que además se contraespían a sí mismos por si ellos mismos son la propia ETA mientras murmullan como lunáticos “ETA es Alqaeda, ETA es Zapatero, ETA es Rubalcaba, ETA está en Ferraz y en la Moncloa y en todos los ministerios, ETA es el PSOE y parte del PP, el pacto de Guernika y la Paz de Westfalia, ETA es una boina que tenía un tío mío, y es la señora de enfrente y es el vecino de abajo, y es un señor de Murcia y es un barquito naufragado de cáscara de nuez…” Y así.

Estas dos tendencias, abanderada la primera por Público y la segunda por ABC y La Razón, están tan claras que ni pinchan. El titular de ABC, por ejemplo, es de un fallido que da miedo. “ETA ni se disuelve ni deja las armas”, un epígrafe que podría haber servido ayer, y antes de ayer, y al otro, y así cualquier día de los últimos 43 años. ¿Cuál es la novedad? Público ha querido hacer el triple salto mortal con tirabuzón y se la ha pegado de lleno olvidándose del año 2000 (23 muertos), en su homenaje de la contraportada a las víctimas. Y La Razón, perdida.

Y en medio, dos periódicos, El Mundo y El País. Me quedo con Arcadi Espada en el primero y Savater en el segundo. El primero dice que todo esto es una incongruencia supina, dado que si ETA deja de matar, que es lo único que sabe hacer, ya no hay ETA, ¿porqué entonces los tres de la capucha, el sello de la víbora y la lona de fondo de color azul sangre? La conclusión natural del comunicado de ayer es que ETA sigue existiendo. Tiene un logo, tiene miembros, una cúpula y cientos de pistolas guardadas en el cajón. Eso sí, ha prometido que no las va a sacar nunca más. Como el adúltero que promete a su mujer no volver a follar con otra pero sale cada mañana bien perfumado y con los bolsillos llenos de condones. Savater es más pesimista, como yo, y cree que antes o después ETA entenderá que no va a haber diálogo, que no habrá concesiones, “que las cárceles no se abrirán por mágico conjuro”, y que, llegado ese momento, la idea de volver a hacer lo único que sabe se instalará como un tumor que no llegó a extirparse del todo en el interior de su capucha. Porque lo de ETA no es un cáncer, es metástasis. Y eso, oigan, no se extirpa, se muere. Y ETA no está muerta, ni mucho menos.

Dicho esto, el anuncio de ayer, en sí mismo, no es negativo para nada. No hace daño a nadie y no nos sitúa en un escenario peor. Y poco más se puede añadir. Porque lo cierto es que tampoco aporta nada nuevo, más allá del gesto, ni arroja luz sobre el futuro ni Cristo que lo fundó. El error que han cometido en las últimas dos décadas la práctica totalidad de los políticos es creer que a ETA hay que convencerla de que deje de matar. De eso ETA se tendrá que convencer sola. Y mientras tanto, nosotros, a lo nuestro. Es decir, meterla en la cárcel y asfixiarla hasta morir. Y cuando lo haga, si es de verdad, la decisión inmediata deberá ser entregar las armas, no panfletos con su sello al pie. El día que yo decida dejar de fumar no me guardaré seis cartones de tabaco debajo de la cama. El ridículo sería de libro. Y si la que duerme a mi lado se creyera que voy en serio, el suyo no sería menos importante. Zapatero, que no duerme con ETA pero que ha flirteado con la opción más de lo debido, hizo ayer esa clase de ridículo con lo de “será una democracia sin terrorismo”. ¿Y con qué pruebas se atreve un Presidente del Gobierno a lanzar semejante vaticinio? La sed era tan grande que nos han dado un vaso de arena y nos lo estamos bebiendo. Ayer era el momento del “si no lo veo, no lo creo”. Y sin un mapa con el punto exacto en el que se encuentran cada pistola y cada gramo de goma 2, sin un montón de terroristas presentándose en la comisaría más cercana y sin un anuncio, sin capucha, de disolución, yo no me creo nada. Principalmente, porque no tenemos ni el más mínimo indicio de que se pueda creer en ellos. A ETA no hay que convencerla de nada. Es ETA la que tiene que convencernos a nosotros de que podemos confiar en ella. Y después de 829 muertos ésa es una tarea para la que va a necesitar mucho más que un comunicado de tres párrafos.

Y para variar, claro, me quedo con el que siempre acierta. Jugar a caballo ganador es una ventaja.

Viñeta de Forges, 21 de octubre de 2011. El País.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , , , | 3 comentarios

Tres jornadas de reflexión

Undécimo día en #acampadasol (27 de mayo de 2011)

Yo no quiero que dimita nadie. No basta. Es necesario que los responsables de las palizas de Barcelona sean juzgados por sus actos. Abuso del poder, uso injustificado de la fuerza y agresión indiscriminada a civiles. Claro que las acampadas son ilegales. Nadie tiene derecho a adueñarse de una plaza. La cuestión es si la respuesta del poder a esa ‘falta’ puede legalmente ser el uso de la fuerza. Si un señor defrauda a Hacienda comete un delito. Pero nadie se imagina que en la puerta de su casa se planten diez antidisturbios con la intención de sacarle los impuestos del bolsillo a base de hostias.

 

Un policía, como individuo, debe ser responsable de sus actos. Y un político no puede utilizar a su antojo los servicios del estado. Y si esto ocurre, la decisión final de cumplir una orden debe recaer exclusivamente sobre el agente. Viendo estas imágenes cuesta mucho pensar que los mossos no están disfrutando con su trabajo. Podrían haberse negado a cargar. Podrían haber simulado una carga sin llegar a golpear de verdad. Podrían haber hecho cualquier cosa menos eso. Cien heridos. La idea de que el verdadero enemigo es el estado debe de estar revoloteando a estas horas por no pocas cabezas. Dentro y fuera de las acampadas. No creo que un policía no pueda negarse a cumplir un orden que le obliga a golpear por la espalda a un ciudadano que está ejerciendo pacíficamente su derecho a la protesta. Me niego a creerlo porque la alternativa es el fascismo.

Hay una Ley de Partidos con la que a punto han estado de silenciar a una coalición que después resultó ser la mayoritaria de una provincia entera. ¡Habrían silenciado a una provincia entera! Yo pido una Ley de Partidos que lleve a la cárcel e inhabilite de por vida a un político que utiliza la fuerza indiscriminada contra sus propios ciudadanos. Llevo tres días sin acercarme por la Puerta del Sol. Principalmente por cansancio. No sólo físico. También porque hace días que mi convencimiento sobre la oportunidad de la acampada empieza a flojear. El último acto al que asistí fue la pérdida de una buena ocasión para tomar una decisión responsable. Lo contaba en el post anterior. Este movimiento era grande cuando no pretendía organizar el mundo desde cero decidiendo incluso si el sol debe salir por el este. Era una  respuesta clara y rotunda al sistema económico y social que nos han impuesto con nuestra propia connivencia políticos y banqueros, principalmente. Era un ¡NO! generalizado con una fuerza imparable. Esa fuerza se ha diluido porque la energía de la movilización se ha polarizado en la acampada. La gente que está bajo la lona, motor indiscutible de las protestas históricas que hemos vivido estos últimos días, no son, sin embargo, representantes de nadie excepto de ellos mismos. Y esto, que es legítimo, está haciendo daño al movimiento. Haber permitido el debate de los comercios, por ejemplo, ha colocado a los acampados en un foco negativo que les perjudica. A ellos y a la protesta.

He necesitado tres días para organizar mis diferencias, las ideas y los argumentos que explicaran esa frustración que sentí el martes cuando vi cómo poco más de cien personas decidiían de forma casi salomónica el futuro de comercios y empleados de la plaza. Sin embargo, después de Barcelona, todo ha cambiado. Me siento como el primer día. Mañana iré de nuevo a Sol para venir aquí y contar lo que está pasando. Quiero vigilar para que si vuelve a ocurrir lo mismo que esta mañana en la Plaza de Cataluña pueda ponerle cara y nombre a los bastardos. Pero también espero contar cómo se tomó la decisión de levantar el campamento. Porque espero que así sea. Dejando, eso sí, un mensaje bien claro. Volveremos a tomar la calle cuando nos dé la gana. Y la próxima vez seremos muchos más.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Algunas personas responsables

Octavo día en #acampadasol (24 de mayo de 2011)

Los comerciantes han pedido la retirada de los carteles. Lo escucho en un informativo a las 08:00 de la mañana. Cuando llego a Sol, pasadas las 09:00, compruebo que las tiendas de campaña se han alejado cuatro metros de las entradas y escaparates de los comercios. Pero queda aún el asunto de los carteles. Será el primer punto a debatir en la Asamblea de las 10:00. Mi primer trabajo, junto a un compañero que ha traído una cámara, será grabar la Asamblea. Sin embargo, estoy pensando en otra cosa. No puedo quitarme a esos comerciantes de la cabeza. Tenemos por primera vez en nuestra mano la toma de una decisión trascendental. Tanto que afectará a terceras personas a quienes se les ha impuesto esta nueva situación de la plaza sin consultarles. Sin darles opción. No llevo allí ni media hora y mi enfermizo sentido de la crítica me tiene como un depredador agazapado. Vigilante de mis principios. De los símbolos y de los gestos.

Un hombre contempla uno de los muros de carteles en Sol

Comienza tarde la Asamblea. Son cerca de las 11:00 cuando el moderador toma la palabra. Hace muchísimo calor. No tengo ninguna duda sobre mi posición. Hay que retirar los carteles de todos los comercios porque atentan contra la libertad de otros. No tengo fisuras en este punto. No hay dilema. Sin embargo, la decisión tras unos seis o siete turnos de palabra es retirarlos sólo de los pequeños comercios. Como el resultado de un partido cuando ya ha pitado el árbitro. Ya hay consenso. Esta palabra ha llegado a convertirse en una consigna casi divina contra la que no cabe recurso. Es así como asumimos la responsabilidad de nuestros actos. Yo también, aunque no esté de acuerdo. Las franquicias seguirán sufriendo las consecuencias de nuestra indignación. En ellas no trabajan grandes empresarios de multinacionales sino empleados como cualquiera de nosotros. Ellos van a soportar los daños colaterales de nuestro fuego amigo. Tengo el convencimiento de que es injusto. Pero nunca pretendí apoyar este movimiento alineaándome sin condiciones con sus principios.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , | 4 comentarios

La revolución en dieciséis novenos

Séptima noche en #acampadasol (23 de mayo de 2011)

Hay una fuerza invisible que envuelve el campamento. Algo como un campo electromagnético. He tenido esa sensación antes. Cuando llego a una ciudad por primera vez me invade una desoladora tristeza. Tres o cuatro días nunca son suficientes. Por mucho que se estiren no dan para romper la burbuja transparente que separa la vida real en los barrios y las calles de esa película de Kodak que termina siendo un viaje turista. Una vez en Copenhage, tomando una enorme taza café muy cerca de la plaza de Gråbrødretorv, junto a Raúl y Cristina. Otra vez comiendo en Denfert-Rochereau una de esas fondues parisinas que sólo alguien como mi amigo Miguel -que trabajaba allí para la EdF desde hacía varios meses-, podía haberme enseñado. A bote pronto son las úncias veces que recuerdo haberme fundido de verdad con el paisaje. La misma burbuja cubre el campamento y todo lo que allí sucede. La misma tela invisible que aparentemente nadie que no lleve metido en este tinglado desde el principio puede romper. Pero no es verdad.

A las 00:30 el campamento tiene el aspecto de los días más tranquilos de la semana anterior. El mismo aspecto del martes y miércoles pasados. Mucha más gente que en esas ocasiones pero menos alcohol y barullo que durante el fin de semana. Por casualidad, decido abandonar la plaza y pasear por las calles adyacentes.

Grupo de 'comunicación audiovisual' de la Comisión de Comunicación

En Tetuán hay un grupo reunido. Mientras me acerco escucho términos como ‘mp4′, ‘ftp’ o ‘H264′. Hay pocas sensaciones en el mundo como saber de qué estás hablando. Saber. Por primera vez en una semana encuentro un sitio en el que puedo aportar algo. Me siento. Tomo la palabra tres o cuatro veces. Veo como en la burbuja acaba de abrirse una puerta que voy a cruzar. Una hora después estoy apuntado en una lista de colaboradores. Necesitan especialistas. Junto a mi nombre aparece el término “redactor”. Mi misión, que comenzaré por la mañana es la de buscar enfoques para que los vídeos que se subirán a la web sean interesantes y coherentes. “Que tengan contenido”, escucho decir detrás de mí.

Son las tres de la mañana cuando escribo este post. La cita es a las nueve. Seis horas. Dejaré de ir por las noches. Mañana comienza el trabajo y la crónica será desde dentro.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , | 2 comentarios

Esa ilusión que cabía en una plaza

Sexto día en #acampadasol (22 de mayo de 2011)

En la Puerta del Sol no hay recuentos ni escrutinios. La idea general es que aún no hemos cambiado nada. Y ésa es buena noticia. He votado a las 12:00 y he salido rápidamente hacia Sol. El ambiente allí es sobrecogedor al mediodía.

La Asamblea General debate si quedarse o marcharse de Sol

Al entrar en la plaza, me viene a la cabeza mi primera asamblea, seis días antes, en la madrugada del martes. Quedarse o marcharse es  el único punto del orden del día. Una por una, las comisiones toman la palabra para repetir lo que es una idea común. Nos quedamos. Son las 15:00 horas y se levanta la asamblea.

Las 17:00. Unas treinta personas han creado un taller de economía en la Plaza del Carmen, tras constatar la jornada anterior que no es posible hablar de un tema tan importante sin un conocimiento básico. No es que no sepan del asunto. Paro, deuda, hipoteca, sueldo, contrato… son términos que  han llegado a dar forma al deslador mapa de su futuro. Sin embargo, tienen un sentido de la responsabilidad tan agudo que han decidido no seguir discutiendo hasta tener claros algunos conceptos y principios básicos de la materia.

Un hombre explica a decenas de personas los diferentes tipos de dinero

Como si de construir una casa se tratara, se afanan -nos afanamos-, en aproximarnos juntos a las herramientas y utensilios que nos permitan llegar a propuestas claras y posibles. Primero se acuerdan los términos; dinero, deuda, nacionalización, fiscalidad… Un breve glosario de incógnitas sobre las que los miembros más leídos del grupo -algunos economistas-, tratarán de arrojar algo de luz. El grupo ha ido creciendo a lo largo de una hora, por lo que se decide tomar el centro de la plaza. El seminario en el que se ha convertido el taller  supera ampliamente las cien personas. Un recorrido histórico por el concepto del dinero, los diferentes tipos de banca o el concepto de la deuda pública, son algunos de los temas que centran el debate. De pronto, una cara conocida. No hay revuelo. El actor Juan Diego Botto toma la palabra, megáfono en mano, para exponer un punto de vista inédito sobre el trasfondo de la crisis griega.Termina y se sienta junto al resto. El debate continúa. A las 19:00 horas se discute sobre el término nacionalización. Se habla de la necesidad de diferenciarlo de otros conceptos como ‘estatalización’, que pueden confundir.

El actor Juan Diego Botto, en pleno debate económico

Una de las ideas mejor acogidas es la de aprovechar el germen de las Cajas de Ahorro para crear un gran mecanismo de banca pública. De estas cosas se habla un domingo de elecciones en el centro de Madrid. No sólo en este grupo, porque desde hace un rato otras subcomisiones, todas de economía, han levantado un verdadero campamento contra la crisis. Se debate de cuestiones como la energía, el empleo o la vivienda. Son más de una docena de grupos trabajando al unísono. Me convencen. Sé que saldremos de la crisis porque no vamos a esperar a que se pongan en marcha. Vamos a echar a andar por ellos. Y después veremos si son capaces de seguirnos el paso.

A las 22:00 se disuelve la reunión convocándose de nuevo para el lunes a las 19:00. Yo me marcho. Llevo aquí diez horas y salgo más reforzado que nunca. Mientras vuelvo a casa, me doy cuenta de que apenas he pensado en las elecciones a lo largo del día. Cuando llego me encuentro con Zapatero en la televisión. Dice que ha perdido las elecciones. Dice que ha sido por culpa de la crisis. Repite esa fórmula que tan bien conocen. Buscar en extraños entes abstractos la causa de sus derrotas. Que son por encima de todo nuestras derrotas. Ni una sola mención a su gestión. Es perverso. Como una plaga que deja yermo un pedazo de tierra y continúa su camino sin inmutarse. No me importa. Apenas unas horas antes he asistido al mayor milagro de la semana. La comisión de economía de la Plaza del Carmen.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , , | 5 comentarios

‘Campamento reflexión’

Quinta noche en #acampadasol (21 de mayo de 2011)

Son las 03:00 de la madrugada. Escribo desde el sofá de mi casa. Mañana, a las 12:00, está convocada una nueva asamblea general de la que saldrá la decisión de seguir o no adelante con el campamento. Quiero estar descansado para entonces. No hay posibilidad de dormir esta noche en la plaza. A pesar de haber llegado bien pertrechado, con saco de dormir (la noche anterior no teníamos), esterilla y ropa limpia. Sin embargo, la enorme cantidad de gente que abarrota la plaza a las 02:00 nos hace entender que no será posible acampar esa noche con la intención de descansar siquiera un par de horas. No pasa nada. Hay miles de personas acampadas en sus casas. Pasan muchas horas en el campamento, colaboran, debaten. Y después se marchan. No cabemos todos. Y ésa es una gran noticia.

Reunión de preparación de la Asamblea General del domingo 22 de mayo (Plaza de Jacinto Benavente)

En Jacinto Benavente, a las 00:30, se debate sobre el método de discusión para la asamblea del día siguiente. Apenas cien personas, algunos de ellos reprensentantes de las comisiones y grupos de trabajo del movimiento, repiten lo que ya se ha convertido en coreografía habitual; manos alzadas pidiendo la palabra; palmas al cielo en señal de aprobación de las propuestas. Hay nuevos símbolos. Cruzar los brazos al alza significa estar en contra de un planteamiento. Se somete a votación un gesto nuevo. Abrir los brazos al aire para ir cerrándolos poco a poco hasta juntar las manos sobre la cabeza. Debe servir para que quien tenga la palabra sepa que debe ir terminando. Incluso este arrebato espontáneo de libertad debe ser ordenado. De no hacerlo, se corre el reisgo de desembocar en un nudo gordiano de asambleas y reuniones interminables que pudieran secar la paciencia de los jóvenes.

#acampadasol a las 04:00, señal de Ustream

Estamos allí gracias al boca a boca. Un sms de mi amiga Blanca nos pilla cenando. “Asamblea en Jacinto Benavente para decidir si mañana se levanta el campamento o no”. Apuramos el café y vamos para allá. Ya han hablado de los nuevos símbolos, de cómo transcurrirá el debate (hablarán primero las comisiones y después se abrirá turno libre de palabra). Pido la palabra. Tarda, pero llega. Me preocupa que no se esté difundiendo lo suficiente la información de una reunión tan importante. Me pasan el megáfono y de pronto siento la responsabilidad de ese acto. Debo ser breve y además aportar algo. No sirve hablar por hablar. La orgía de ideas de las primeras reuniones ha sido sustituida por debates más profundos, más concretos. Esta gente lleva días trabajando y se hace necesario concretar, atinar con las ideas para no perder tiempo. Sugiero tuitear cada 15 ó 20 minutos la hora y lugar de la asamblea general, así como anunciarlo en un espacio fijo en la web. Apenas me lleva medio minuto. Se alzan algunas manos. No sé si celebran mi brevedad o la propuesta. En cualquier caso, la sensación de ser útil a esta causa justifica el cansancio que acumulo. Es entonces cuando decido irme a casa a dormir para preparar la asamblea del domingo. Antes iré a votar. Tengo 28 años y puedo asegurar que por primera vez en mi vida soy capaz de dimensionar la trascendencia de ese gesto. Me lo tomo como un ritual íntimo que todos mis compañeros repetirán en otros puntos de la ciudad a lo largo del día. Nadie aparecerá en Sol sin haber hecho los deberes.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , | 4 comentarios

Y se produjo el milagro

Cuarta noche en #acampadasol (20 de mayo de 2011)

“No puedo seguir viendo gente meando en la calle”. Blanca, mi amiga, no puede más. Son las 04:00 de la madrugada. Desde varias horas antes la Puerta del Sol parece haberse convertido en ese ‘botellón’ que tanto temíamos. Un joven baja la calle Tetuán golpeando una botella de agua y salpicando a quienes descansan o conversan junto a las fachadas. Él no ha estado aquí las noches pasadas. Él es nuevo. Como tantos otros. Los que se mean en las paredes, en los contenedores o los que van tan borrachos que lo hacen sobre sus propios pies.

Una comisión detiene su trabajo para permitir el paso de un camión de basuras en la calle Preciados.

Sólo queda esperar dos milagros; que la anarquía en la que se han sumido las calles aledañas a Sol no derive en algo que pueda dar argumentos a quienes quisieran arrancar este sueño de cuajo; y que el campamento sea capaz de no contaminarse.

Mi amiga Blanca, decía, no puede más. Ella prefiere marcharse para volver por la mañana, con la asamblea. Yo necesito quedarme para poder contar cómo es eso de despedir un día para recibir al siguiente en #acampadasol. Miriam, la otra amiga que me acompaña, se queda conmigo. Hemos asistido durante unos minutos al debate de una de las comisiones. Es la primera noche que ella viene. Esta mañana ha recibido una de las mejores noticias de su vida. Por fin podrá empezar su proyecto fin de carrera. Ocho años después. Arquitectura. Está agotada, así que decidimos buscar el sitio donde vamos a acampar.

El mapa de la #globalcamp marca qué ciudades se ha unido a Madrid

Entrar en el campamento es un alivio. Una sensación que se repite a menudo. Son demasiados peligros. Como un elefante sobre la tela de una araña. Pero no se caerá. Lo más duro ha pasado. La moda. Ya lo sabíamos. Llegaría el viernes y miles de jóvenes que no han entendido nada acudirían en hordas a meter las narices en aquello. Con sus cervezas, su hediondo orín sobre la calle y su desprecio por cualquier causa que implique un esfuerzo -incluso por el que aplican sus semejantes, esos valientes que luchan por ellos-. Pero ya ha pasado el primer envite. La noche del viernes. Sólo queda aguantar el sábado. Apretar la tela de araña y dejar que sigan subiendo los elefantes. Si amanece el domingo sin incidentes este campamento podría durar meses.

Jóvenes se preparan para pasar la noche en Sol

Encontramos un hueco entre una marquesina de publicidad y la boca de metro que accede a la calle Mayor. De pronto adquiere la connotación de refugio. De hogar. Dos metros cuadrados protegidos del sol, para cuando amanezca. No es gran cosa pero nos afanamos en limpiarlo. Yo me voy a por un cartón mientras Miriam prepara la esterilla. Tardo un rato en volver. No voy directamente al puesto del campamento que los facilita. Prefiero buscarlo yo mismo y dejar que otros utilicen los que se han ido almacenando. No encuentro nada. Termino pidiendo un trozo frente a un mostrador improvisado.

Amanecer en #acampadasol

Ser la primera vez hace que cometas errores. No saber que a las cinco de la madrugada no alcanza con un abrigo es uno de los peores. Estamos pasando frío. No tenemos mantas, ni saco de dormir. Lo haremos mejor la próxima vez. El murmullo de la gente, contra todo pronóstico, es un sedante maravilloso. Nos dormimos. Los sueños están fuera. Nos rodean. Nada que pudiera construir nuestra mente durante el letargo puede superar la imagen que nos contempla. Una hora de sueño, bajo el frío, es más que suficiente para Miriam. Está agotada. “Esto es increíble. Luego te llamo y hablamos”. Pasan pocos minutos de las 06:00. Ya ha abierto el metro y Miriam se marcha. Me da el abrigo y encuentro un nuevo motivo para volver a dormirme. Cuando despierto ya es de día. Ha pasado otra hora. Me levanto, cojo algunas fotos y doy un paseo en silencio por el campamento. La mayoría duerme. La tempestad de la noche del viernes ha pasado. El barco, tan frágil, sigue a flote. Lo peor ha pasado ya. El milagro se ha obrado. Descanso, crónica y de vuelta a Sol por la tarde.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Dicen que aquí no podemos hacerlo

Tercera noche en #acampadasol (19 de mayo de 2011)

Voy en coche a Sol a la 01:00 de la madrugada. Hoy he salido muy tarde de trabajar. No importa, #mevoyasol se ha convertido en el trending topic de mis noches desde hace tres días. En la radio es la hora del fútbol. Se descubriría la vacuna del SIDA, el remedio contra el hambre universal e incluso la receta de la felicidad eterna y seguirían discutiendo si el gachó estaba o no en fuera de juego. Hablan de Iván De la Peña, que se acaba de retirar. Todos convienen en que fue un incomprendido. Un mago de la pelota en una época de mediocridad, de entrenadores sin ideas, sin valor para arriesgar. “Me hubiera gustado verle con los Iniesta, Silva o Xavi…”, comenta un contertulio. Me gusta. Cómo debe sentirse alguien sabedor de que atesora un don, una capacidad innata para hacer las cosas más sencillas, más bellas y, además, más productivas, y a quien se le niega por sistema la posibilidad de demostrarlo. Llego a la #acampadasol con esta idea en la cabeza.

Un joven reparte bocadillos a los acampados

Definitivamente si hubiera una escala que midiera la dificultad de aplicar la democracia, ésta no sería lineal. Por cada cien miembros más que tenga el grupo, la complejidad del sistema se multiplica por mil. Huele a porros y cerveza. No es una descripción, sino una percepción fisiológica de tal magnitud, que por un principio siembra algunas dudas sobre la deriva que está tomando todo esto. ¿Por qué se tambalearán mis principios con tanta facilidad cuando es tan evidente que el escepticismo es la excusa de los cobardes?

Dos de los varios aseos instalados en la plaza

Las comisiones han abandonado la plaza, donde la gente ya no discute ni debate. Convive. Jóvenes circulan por los carriles, las calles, que se han trazado en el campamento, ofreciendo bocadillos a los acampados. La comisión de limpieza es un regimiento. Unidades de escoba y unidades de bolsas de basura. Cuatro aseos portátiles dominan el centro de la plaza. Detrás, ya bajo la lona, el epicentro del campamento es un foro atestado de gente. Se parece más a la plaza mayor de un pueblo que a la sede de la soberanía popular. Un cruce de caminos donde la gente conversa ya, no sólo de política, sino de las cuestiones más triviales.

Jorge Drexler responde a los medios de comunicación

Aparece un famoso, aunque éste no sea precisamente el mejor término para describirle. Jorge Drexler. No provoca ninguna reacción en los jóvenes. Me explico. La normalidad con la que llega el cantante hace que se mezcle perfectamente. Los reporteros sí revolotean a su alrededor. Foco en la cara, micro y cámara. Sonríe como si estuviera a punto de arrancarse a cantar. Humilde, uruguayo. “Me recuerda al Montevideo del 83, a la apertura política”. Ésa es precisamente la sensación. De reapertura. Como si estuviéramos cerrando una transición incompleta. O simplemente haciéndola avanzar tres décadas en tres días.

En las calles aledañas se sigue cocinando lo que deberá ser el corolario de todo esto. Preciados, Arenal, Carmen. Las comisiones siguen vivas y en pleno fervor. Son las sedes de unos protoministerios donde las ideas se cazan al vuelo y la libertad de expresión se ejerce a mano alzada. Frente al Corte Inglés de Preciados, la comisión de organización interna debate sobre la necesidad de respetar las normas básicas que se han dado. Uno de los jóvenes allí sentados recuerda que es imperativo respetar las directrices que ya han sido aprobadas por la Asamblea General en días anteriores.

La comisión de banca debate frente a 'Casa Labra', donde se fundó el Partido Socilalista Obrero Español en 1879

Diez metros más allá, frente a la mítica tasca “Casa Labra, la comisión de banca debate acerca de la necesidad de cambiar el sistema bancario. Las ideas no son muy diferentes a las de días anteriores. Bien. Mejor afianzar cuatro principios que perderse en el dédalo de la dialéctica.

Marchándome a la misma hora que el primer día he pasado aquí la mitad de tiempo. Hoy he llegado tarde. El viernes cambiará. Voy para quedarme. Aunque dicen que no podemos hacerlo, la #acampadasol ya es un campamento. No se trata de si podemos ir. Ahora la cuestión es si podrán expulsarnos, porque la plaza ya está tomada.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Y entonces llegó la lluvia… y #nosquedamos

Segunda noche en #acampadasol (18 de mayo de 2011)
“Hace dos días que empezó a ser lindo,
juntarnos de a muchos para saber qué pocos éramos”
Mario Benedetti

Esta noche prácticamente no ha habido reunión de las comisiones. Llovía.Yo mismo me di cuenta de que el ambiente no era el mismo. Todo el mundo bajo la lona, más alcohol, menos debate. Repito, llovía. Una lluvia que, sin embargo, no ha disuelto la concentración. Y eso que su poder era anoche mucho mayor que el de cualquier Delegación del Gobierno.

Los hombres de las cavernas, si llovía, se metían en una cueva. No discutían bajo el agua el flanco más apropiado para atacar al mamut, ni el ángulo idóneo de la punta de sílex, ni el espesor adecuado del vestido de piel de bisonte. Simplemente se guarecían y esperaban a que dejara de llover.

A las doce de la noche hay un debate caliente en la comisión del manifiesto. Hablamos por turnos, que salvo excepciones (las ideas son tantas y tan fuertes que se nos escapan de la boca), se respetan con mucha más disciplina que en el Congreso. Nadie golpea las baldosas y abuchea al orador. La idea es recoger propuestas que, a menudo, son bastante más vagas de lo que uno quisiera. No importa. Como dice la amiga que me acompaña, por algún sitio hay que empezar. Algunas como retirar la subvención pública a los sindicatos, suprimir la pensión vitalicia a los políticos -”que coticen como el resto”, grita un hombre-, establecer por ley una cotización mínima de la educación secundaria, FP y universitaria o decretar con carácter retroactivo que la vivienda salda la deuda, aunque ésta sea mayor que el valor del inmueble son algunas de las más tangibles. Se habla de cosas importantes. Y uno tiene la idea de que muchas de ellas las suscribiría una amplia mayoría de la población.

Aparece la lluvia. Se debate si seguir allí o dejar de mojarse. El aguacero del debate es más fuerte. Bajo un buen manto de agua se continúa con la tormenta de ideas. La chica que apunta las propuestas recibe un paraguas. No es para ella. Es para proteger el papel. “Que no se mojen las propuestas”, se oye desde varios puntos del corro que hemos formado. Protegerían antes ese folio que el original de la Constitución de 1812.

El corro va perdiendo fuerza con la lluvia. Como verter lentamente un vaso de agua sobre una acuarela de Van Gogh. Algunos se alejan porque el turno de palabra empieza a ser un “quién da la vez” en un puesto del mercado. En el pequeño caos borrascoso una señora monopoliza el megáfono desde hace varios minutos, arengando en contra de un partido concreto. Abucheos. Nadie quiere ni oir hablar de ellos. Yo también me retiro. No hay prisa. No hay porque aguantar ese aguacero inclemente. Si llueve, se para, se descansa. Cuando rompa el sol saldrán de debajo de la lona. En mi caso, de detrás del teclado. Hay que parar a descansar. Todos bajo la lona. Son muchas horas y ahora la lluvia. Todos lo entienden. Yo me marcho. Bajo el agua llego hasta el coche, aparcado en el mismo sitio que la noche anterior. Mi punto de partida es la Calle Montalbán. Y me voy con ganas de que llegue pronto la noche para poder regresar. Son las 02:30 de la madrugada.

Jueves. Esta mañana no tenía miedo. Sabía que cuando despertara, el rotundo grito de dinosaurio en el que se ha convertido la voz de estos jóvenes seguiría allí.

Publicado en Se mearon en mi alfombra | Etiquetado , , , , , , | 1 comentario